El primer terremoto históricamente registrado en Venezuela ocurrió en Cumaná, el día 1 de septiembre de 1530, alrededor de las 10:00 horas con una magnitud que ha sido estimada entre 7,1-7,3 Ms (Audemard, 2007). El terremoto produjo un tsunami que fue presenciado y descrito por los españoles que se encontraban en ese momento en Cumaná quienes quedaron maravillados y quizás también aterrorizados por el fenómeno. Cabe destacar que la sismicidad de la península ibérica es mucho menor que la sismicidad latinoamericana, siendo muy probable que los españoles afincados en Cumaná o Cubagua, nunca hubiesen experimentado un terremoto de tal magnitud, y mucho menos presenciado un tsunami. Varios testigos presenciales como el colonizador y naturalista Gonzalo Fernández de Oviedo (1535) describieron como, en medio del temblor, el mar se retiró de la playa y volvió a entrar con fuerza sobre la tierra, lo que constituye la descripción típica de un tsunami. Por cierto que aquí les voy a dejar su relato y, además, en el castellano del siglo XVI:
El año de mill é quinientos é treynta, en el mes de septiembre, en un día sereno é tranquilo, en un instante, á las diez horas del día, en la provincia de Cumaná se levantó el mar en altura de quatro estados é juntamente dio la tierra un horrible bramido, é inundóse la tierra, sobrepujando la mar sobre ella, y encontinente començó la tierra á temblar, é lo continuó por tres quartos de hora: del qual grandísimo temblor cayó la fortaleça... é abrióse la tierra por diversas partes, é hicierónse muchos poços, los quales producían una agua negra que hedía a azufre.
Amen de inducir efectos geológicos como el tsunami, grietas y licuación, el sismo de 1530 destruyó la fortaleza que el alcaide de Cumaná, Jácome de Castejón, había construido en 1523 en la desembocadura del río Manzanares; mientras que el tsunami inundó varios poblados indígenas, dejando a su paso algunos ahogados que representaron las únicas víctimas fatales de este evento y que, de hecho, son los únicos ahogados por tsunami que aparecen registrados en la documentación referida a nuestros terremotos tsunamigénicos históricos (Audemard et al., 2012).
En
Cubagua, por otra parte, el sismo fue sentido con fuerza pero sin daños en la pujante ciudad de Nueva Cádiz. Sin
embargo, hay que considerar que Cubagua dependía totalmente de Cumaná para aprovisionarse de agua
dulce. Estos envíos eran supervisados y protegidos por los soldados asentados
en la fortaleza de Castejón de modo que, su destrucción amenazaba con dejar sin
agua a dicha isla. No en balda, la principal preocupación de los españoles tras el terremoto de 1530, fue precisamente, reparar la fortaleza y asegurar el abastecimiento de agua dulce hacia Cubagua.
Cabe destacar que en 1530, Cumaná no era una ciudad consolidada, ni había otras poblaciones cuya infraestructura y habitantes pudiesen ser afectados por este evento. En consecuencia, la mayor parte de la información registrada en la época se refiere a los efectos geológicos observados, como el tsunami, grietas y licuación, fenómeno descrito en la documentación como "pozos que producían un agua negra que olía a azufre" (Véase Rodríguez et al., 2006 y Audemard y Leal, 2017). En este sentido, el terremoto de 1530 es un evento difícil de estudiar utilizando las escalas de intensidad macrosísmicas tradicionales como la Mercalli Modificada o la Escala Macrosísmica Europea (Grünthal, 2009) que evalúan principalmente los daños en el medio construido, siendo necesario analizarlo a partir de la escala ESI-2007 que se enfoca en los efectos geológicos y medioambientales inducidos por terremotos (Michetti et al., 2007).
Como
curiosidad mencionaré que el terremoto de 1530 suele ser confundido con el
violento huracán del 25 de diciembre de 1541, cuyos efectos fueron tan graves
y evidenciaron de tal manera la incomodidad y nula sostenibilidad del asentamiento que, los pocos vecinos que quedaban en Cubagua recogieron familias y bártulos y
se mudaron permanentemente a la isla de Margarita. A su vez, la
malinterpretación de los relatos del huracán del día de Navidad, los cuales son
muy antiguos, dio lugar a la leyenda negra según la cual Cubagua fue destruida
en 1541 por una triple y terrorífica combinación de terremoto,
maremoto y huracán, en castigo por los desafueros de los conquistadores y su codicia por
las perlas. Naturalmente, la leyenda resulta más intrigante que la ocurrencia del huracán de 1541, fenómeno del cual hablaremos en otra ocasión.
Para saber más...
Audemard, F., (2007) "Revised seismic history of the El Pilar fault, Northeastern Venezuela, from the Cariaco 1997 earthquake and recent preliminary paleoseismic results" Journal of seismology, 11: 3-26
Audemard M, Franck A., and Alejandra F. Leal Guzmán (2017) “Reliability of first-hand accounts on the study of historical tsunamis in northeastern Venezuela (southeastern Caribbean Sea)”, Annals Of Geophysics, 60, 6, S0660, 2017; Doi: 10.4401/Ag-7437.
Audemard, F., Leal Guzmán, A., Palme, C. (2012) “Testimonios históricos de terremotos locales tsunamigénicos en el oriente venezolano”, en: Memorias de las VI Jornadas Venezolanas de Sismología Histórica, 71-75.Caracas: Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas.
Fernández de Oviedo y Valdés, Gonzalo [(1535)-1851] Historia General y Natural de las Indias. Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Primera Parte. Imprenta de la Real Academia de la Historia: Madrid.
Grünthal, G. (2009) Escala macrosísmica europea 1998. EMS-98. Edición española. Luxemburg: Ministere de la Culture, de l‟ Enseignement Superieur et de la Recherche/Conseil de L‟Europe.
Michetti, A. M., Audemard, F. A., Azuma, T., Clague, J., Comerci, V., Esposito, E., Guerrieri, L., G Gürpinar, A., Mccalpin, J., Mohammadioun, B., Mörner, N. A, Ota, Y., Porfido, S., Rogozhin, E., Serva, L., T Tatevossian, R. & Vittori, E., (2007). INQUA Environmental Seismic Intensity Scale 2007 –ESI 2007-. 19 pp (http://www.apat.gov.it/site/en-GB/Projects/INQUA_Scale/).
Rodríguez, L. M., Audemard, F., Rodríguez, J. A. (2006) “Casos históricos de licuación de sedimentos inducidos por sismos en Venezuela desde 1530”. Revista de la Facultad de Ingeniería, vol. 21(3): 5-33.



