De lo que hizo y deshizo el terremoto
El 12 de abril de 1878, a las 20:41 horas, un terremoto cuya magnitud ha sido estimada entre 5,9 y 6,7 (véase Tabla 1) sacudió la región central de Venezuela, ocasionando efectos devastadores en la ciudad de Cúa y daños de leves a moderados en varias poblaciones circundantes. Estos daños se concentraron principalmente en viviendas e iglesias, edificaciones históricamente propensas a sufrir los embates de los sismos. Las afectaciones observadas fueron consistentes con el comportamiento sísmico de las construcciones de tierra cruda —tapia, adobe y bahareque— y consistieron en grietas en paredes, colapso de muros, desprendimiento de frisos y elementos ornamentales, caída de tejas, desplazamiento de techos y colapsos parciales o totales de edificaciones.
En localidades como Maracay, Puerto Cabello, Valencia, Los Teques, Río Chico y La Guaira, el sismo fue percibido con fuerza, pero no se reportaron daños ni víctimas. En Caracas, la Catedral y las iglesias de La Candelaria, Santa Rosalía y San Juan, así como el Palacio Federal, sufrieron daños menores como grietas, caída de frisos y desprendimiento de ornamentos. Por su parte, en Ocumare del Tuy y Charallave algunas edificaciones presentaron agrietamientos y colapsos parciales. En Paracotos, San Francisco de Yare, Santa Lucía, Santa Teresa, La Victoria, Nirgua y San Diego se reportaron daños leves en casas e iglesias, sin registro de víctimas fatales en ninguna de estas poblaciones.
En cambio, el panorama en Cúa fue catastrófico. La ciudad quedó prácticamente destruida: “Todos los edificios, y muy especialmente los de la parte central de la población, sin excluir el templo cuyos cimientos quedaron fuera de su lugar, son hoy un montón de ruinas. Las casas de las haciendas que se encuentran a corta distancia de la población cayeron en su mayor parte, y las que quedan en pie amenazan con caer…” (Anónimo, “Lo del día”, Diario de Avisos, Caracas, 15 de abril de 1878, p. 2). El terremoto dejó un saldo de aproximadamente 300 fallecidos y numerosos heridos en Cúa.
En los alrededores de Cúa se observaron diversos fenómenos geológicos asociados al sismo: grietas en el terreno, licuefacción, desplazamientos laterales, posible inestabilidad de taludes y anomalías hidrológicas como variaciones súbitas en los niveles de agua en ríos y otros cuerpos de agua. El ingeniero Melchor Centeno Grau, pionero de la sismología en Venezuela, documentó lo siguiente: “En este terremoto desaparecieron varias fuentes sulfurosas y aparecieron otras. Crecieron extraordinariamente los ríos y las quebradas. Se abrieron grietas en el suelo. En la tarde de ese día, seis horas antes del terremoto, los peces del río Tuy saltaban fuera del agua (…)” (Centeno Grau, 1969, p. 251).
El evento propició el pánico generalizado en toda la región. Entre el estupor por la destrucción casi total de Cúa y el temor renovado por las réplicas, muchos habitantes pasaron la noche al aire libre y, en muchos casos, permanecieron acampando a la intemperie durante varios días: “Y aún dura el vago terror de la situación, y las familias atribuladas temen porque los movimientos han continuado a intervalos más o menos largos, aunque… no tuvo, ni ha tenido ninguno, la intensidad ni la duración del de la primera noche.” (La Opinión Nacional, Caracas, 15 de abril de 1878, p. 2).
El sismo de 1878 marcó trágicamente el fin de una época de prosperidad para Cúa y otras poblaciones del Tuy Medio. Muchas de las haciendas principales de la región —La Consolación, El Palmar, San Rafael, Tovar, Mendoza, El Conde, Souza, Calabozo, Piñate, Santa Bárbara y Oviedo— quedaron arruinadas. La ciudad, conocida entonces como La Perla del Tuy, desapareció en los breves segundos que duró el remezón.
Midiendo el terremoto
La
distribución de daños y fenómenos geológicos asociados al terremoto de 1878
—con severos efectos concentrados en Cúa y escasas consecuencias en otras
localidades— llamó la atención de diversos observadores y naturalistas de la
época. El destacado científico venezolano-alemán Adolfo Ernst, quien recorrió
la zona afectada, escribió: “Al salir de Cúa en cualquiera dirección se observa
una rápida disminución en la intensidad de los estragos causados: sobre todo es
esto mui notable en Charallave. El área de destrucción fue, pues, de muy
limitada extensión, circunstancia que contribuye no poco al gran interés
científico de este terremoto. No hallo muchos ejemplos en la historia de las
conmociones seísmicas, de que una catástrofe tan desastrosa haya quedado casi
limitada a un solo punto.”
(La Opinión Nacional, Caracas, 23 de abril de 1878, p. 2).
Como señalaba Ernst, esta distribución atípica de intensidades sigue siendo de gran interés para el estudio de sismos históricos. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en el caso de los terremotos preinstrumentales, el evento del 12 de abril de 1878 ha sido escasamente estudiado, en parte debido a la limitada documentación existente. Por ello, en 2014 se emprendió una investigación en fuentes primarias y archivos históricos. La recopilación documental resultante, basada principalmente en hemerografía, ofrece información relevante en tres ámbitos: a) descripción del evento; b) daños en el entorno construido y efectos geológicos; y c) respuestas sociales (Leal Guzmán, 2014). A partir de esta información se realizó una reevaluación sísmica, cuyos resultados se presentan en Vargas (2017) y Vargas et al. (2017), y se resumen en las tablas siguientes:
Tabla 1. Parámetros sísmicos básicos estimados para el terremoto de 1878
Tal como se observa en la Tabla 1, las estimaciones de magnitud presentan un rango bastante amplio, lo que refleja las incertidumbres metodológicas asociadas a la evaluación de sismos históricos. Estas estimaciones dependen de la cantidad y calidad de la información disponible, así como de los procedimientos utilizados para estimar los parámetros. La magnitud más baja (5,9) probablemente proviene de métodos que suponen una fuente sísmica más superficial o que no consideran adecuadamente los efectos de sitio. La más alta (6,7) podría corresponder a interpretaciones que consideran un mayor alcance de los daños o que emplean metodologías más recientes calibradas con sismos modernos. Una magnitud media de ~6,3–6,5 podría ser razonable, considerando la alta concentración de daños e intensidades en Cúa, lo que sugiere una liberación energética significativa, aunque de impacto geográfico limitado.
Tabla 2. Intensidades para el terremoto de 1878
En cuanto a las intensidades, y a la luz de las nuevas evidencias documentales presentadas por Leal Guzmán (2014) y discutidas en Vargas (2017), se puede afirmar que los valores 8–9 asignados por Fiedler (1961) y Grases (1990) a localidades como Charallave, San Diego, Santa Lucía, Santa Teresa, Ocumare del Tuy y Los Teques parecen sobreestimados. Los valores propuestos por CERESIS (1985) y Vargas et al. (2017) resultan más consistentes con la información disponible: dispersa, escasa e imprecisa en dichas localidades, mientras que los registros para Cúa son abundantes y detallados en cuanto a daños, víctimas y fenómenos geológicos.
Este patrón inusual de intensidades, aunque poco frecuente, puede explicarse por varios factores: a) Efectos de sitio: Cúa se ubica sobre depósitos aluviales cuaternarios, que pueden amplificar significativamente las ondas sísmicas. Localidades cercanas pueden encontrarse sobre formaciones más rígidas (rocas ígneas o sedimentarias compactas), lo que reduce dicha amplificación. b) Foco sísmico superficial y directividad: Un foco a 13 km de profundidad es relativamente superficial. Si el epicentro estuvo muy cerca de Cúa, es natural que allí se liberara más energía. Además, el mecanismo de ruptura pudo favorecer una dirección preferente de propagación (directividad), intensificando los efectos en una franja específica. c) Vulnerabilidad estructural y densidad urbana: Cúa pudo tener una mayor concentración de edificaciones vulnerables (adobe, tapia, techos pesados), una mayor densidad urbana, o condiciones sociales que acentuaron la percepción del desastre. También es posible que exista un sesgo documental: dada la importancia comercial de la ciudad en ese momento, su destrucción pudo haber sido reportada con mayor detalle.
Estas reflexiones forman parte del quehacer cotidiano de la sismología histórica, una disciplina que exige no solo lidiar con la incertidumbre inherente a las fuentes documentales, sino también con los retos propios de la investigación interdisciplinaria.
Para saber más...
Centeno Graü, Melchor (1969) Estudios sismológicos (2ª ed.). Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, Talleres Tipo-litográficos de la Dirección de Cartografía Nacional: Caracas.
CERESIS, (1985) “Catálogo de terremotos para América del Sur. Datos de hipocentros e intensidades. Venezuela”, Vol. 8, Centro Regional de Sismología para América del Sur, Lima, Perú
Fiedler, G., (1961) “Áreas afectadas por terremotos en Venezuela”, Memorias del III Congreso Geológico Venezolano, Vol. 4, pp. 1791-1810, Venezuela.
Fiedler, G. (1968) “Estudio Sismológico de la Región de Caracas con Relación al terremoto del 29 de Julio de 1967”. Boletín IMME, vols. 23-24: 127-222.
Fiedler, G., (1972) “La liberación de energía sísmica en Venezuela, volúmenes sísmicos y mapas de Isocistas”, III Congreso Geológico Venezolano 3, 2441-2462, Caracas, Venezuela.
Grases, J. (1990) Terremotos destructores del Caribe. 1502-1990. Montevideo: Unesco/Relacis.
Grases, J., Rodríguez, J. A. (2001). Estimaciones de magnitud de sismos venezolanos a partir de mapas de isosistas. II Congreso Venezolano de Ingeniería Sísmica, CD, Mérida, Venezuela.
Hernández, J. J., Domínguez, J., Hernández, A. (2009a) “Estudio paramétrico de respuestas 1D de sitio”, Sub-capítulo 4.1, Informe Técnico Final, Volumen 1 Caracas, Proyecto de microzonificación sísmica en las ciudades Caracas y Barquisimeto (FONACIT 200400738), FUNVISIS FUN-035a, 2007, inédito, p. 388-411.
Hernández J. J., Schmitz, M., Domínguez, J., González, M. (2009b) “Espectros 1D por clases de sitio”, Sub-capítulo 4.2, Informe Técnico Final, Volumen 1 Caracas, Proyecto de microzonificación sísmica en las ciudades Caracas y Barquisimeto (FONACIT 200400738), FUNVISIS FUN-035a, 2007, inédito, p. 412-502.
Leal Guzmán, A. (2014) Catálogo de terremotos destructores en Venezuela (1853-1900). Informe de investigación inédito. Caracas: Funvisis.
Pérez, O.; Sanz, C. y Lagos, G. (1997). Microseismicity, tectonics and seismic potential in southern Caribbean and northern Venezuela, J. Seismol., 1, 15-28.
Vargas Guzmán, E., Vásquez, R., Leal Guzmán, A., Colón, S. y Rodríguez, J. A. (2017) “Reevaluación del terremoto del 12 de abril de 1878 a partir de intensidades recientes”, en Memorias del IX Congreso Venezolano de Sismología e Ingeniería Sísmica, 526-537. Caracas: IMME/FUNVISIS.
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