El siglo XVII fue época difícil por donde se le mire: guerras, revoluciones, sequías y hambrunas hicieron estragos en el mundo. No en balde, el historiador Geoffrey Parker (2013) se refirió a este periodo como el siglo maldito. Por estos lares, en esta tierra de gracia, las cosas no estaban mucho mejor: pobreza generalizada, pestes, plagas, piratas y terremotos hacían de las suyas en nuestro territorio, dejando tras de sí, importantes consecuencias económicas y sociales.
Pero entremos en materia: vamos a hablar de la sismicidad histórica de Venezuela; es decir, de los terremotos que han ocurrido por estos lares a lo largo de la historia, así como de las características que han tenido dichos eventos.
Como seguimos un orden cronológico, hoy voy a comentar sobre la secuencia sísmica que se inició el día 8 de diciembre de 1673 y que culminó dramáticamente con el terremoto del 16 de enero de 1674, ocurrido alrededor de las 15:00 hrs. Este evento que tuvo una magnitud estimada en 7,4 (Palme et al., 2005), afectó severamente el ámbito urbano y la economía de las poblaciones de Mérida, Barinas, Trujillo, El Tocuyo y San Antonio de Gibraltar, ocasionando gran destrucción en casas, templos, conventos y haciendas.
Además, este sismo detonó una serie de efectos cosísmicos tales como licuación, movimientos de remoción en masa y deslaves que arrasaron las arboledas de cacao en Gibraltar. Esta última fue la localidad más afectada por el sismo: se arruinaron los productores de cacao, se interrumpió temporalmente el tráfico comercial y, finalmente, las ferias que constituían la base de la prosperidad de la zona se trasladaron a Maracaibo en 1685, lo que produjo el cierre y desmantelamiento del puerto de Gibraltar.
Respecto a la valoración de los daños provocados por este evento, pueden ver en la Tabla que presento a continuación, que las intensidades estimadas para este terremoto oscilan entre los grados V y VIII, considerando que V se refiere a daños leves y VIII a daños sustanciales en estructuras de construcción pobre, como lo eran todas las construcciones de tierra cruda de la época: diseños inadecuados, materiales no competentes, ningún mantenimiento, etc.
Por si fuese poco, después del terremoto se presentaron intensas lluvias que amplificaron los daños ocasionados por el evento, sobre todo en las haciendas. El resto del siglo no fue más amable con estas poblaciones y en el año 1678, el corsario francés Michel de Grandmont asaltó Maracaibo, Gibraltar y otros pueblos del sur del Lago. Grandmont y sus hombres avanzaron en tierra firme, desvalijando y arrasando todo a su paso hasta llegar a la ciudad de Trujillo que fue saqueada e incendiada.
Debido a todos estos acontecimientos, la infraestructura y la economía de la región tardó más de 50 años en recuperarse aunque jamás volvería a alcanzar su antigua pujanza; siendo este un ejemplo muy preciso de como los sismos se articulan con otros fenómenos naturales y sociales que pueden amplificar sus efectos inmediatos y también, las consecuencias a largo plazo.
CERESIS (1985) Catálogo de terremotos para América del Sur. Datos de hipocentros e intensidades. Venezuela. Vol. 8, Centro Regional de Sismología para América del Sur, Lima, Perú.
Parker G. (2013) El siglo maldito. Clima, guerras y catástrofes en el siglo XVII, Planeta: Barcelona.
Palme, C., Altez, R. (2002) "Los terremotos de 1673 y 1674 en los Andes venezolanos". Interciencia, 27: 220-226.
Palme, C.; Morandi, M.T., Choy, J. (2005) "Re-evaluación de las intensidades de los grandes sismos históricos de la región de la cordillera de Mérida utilizando el método de Bakun & Wentworth". Revista Geográfica Venezolana, vol. 46: 233-253.




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