Pro tempore terræmotus
Inesperados e incontrolables (los sismos sentidos o destructores) se cuentan entre los fenómenos naturales que más rápidamente desorganizan la vida de una comunidad provocando pérdidas materiales y humanas, deteriorando tanto el tejido urbano como el social y dejando tras de sí consecuencias económicas, políticas y sociales que -en ocasiones- se extienden a través de los años posteriores a la irrupción del evento. Por otra parte, los sismos provocan diversas reacciones de orden social y cultural, que van desde la necesidad de comprender el fenómeno hasta la urgencia de protegerse de las consecuencias de futuros sismos, pasando por el agradecimiento colectivo, cuando los efectos de aquél no han resultado tan devastadores…
Por cierto que, antes de ponernos muy “científicos” con este tema y desechar las respuestas religiosas como "primitivas" o "inválidas", debemos considerar que la religión constituye un importante marco interpretativo de los fenómenos naturales adversos (Gascón, Ahumada y Galdame, 2009). No en vano todas las sociedades establecidas en zonas sísmicas, se han acudido a la religión buscando explicación para estos fenómenos, consuelo ante sus consecuencias y protección contra futuros temblores y terremotos. Los múltiples resultados de dichas búsquedas constituyen un amplísimo repertorio de respuestas que abarca fiestas anuales, procesiones, misas, rogativas, oraciones, exvotos, bautizo de los sismos con el nombre del santo en cuyo día ocurre el evento y elección de patronos antisísmicos a cuyas manos se confiaban las responsabilidades de la intermediación entre los fieles y Dios que sí controlaba -y controla- esas temibles fuerzas de la naturaleza.
El terremoto de 1766 y la virgen de la Merced
En un texto anterior (https://sismologiahistorica.blogspot.com/2022/10/el-terremoto-del-21-de-octubre-de-1766.html), habíamos comentado que los efectos del terremoto del 21 de octubre de 1766, en la ciudad de Caracas habían oscilado entre leves y moderados, así que en virtud de las pocas ruinas y quebrantos que ocasionó el terremoto de 1766 en Caracas, se erigió el patronazgo antisísmico de Nuestra Señora de las Mercedes como Abogada contra terremotos, pues los caraqueños interpretando a su sabor las circunstancias del sismo, le atribuyeron aquel portento de haber salidos indemnes de la sacudida.
La Virgen de la Merced era, de antiguo, considerada la Redentora de los Cautivos, devoción que se extendió por toda Europa durante el siglo XIII, mientras que en Venezuela desde el año 1631, figuraba como protectora de las arboledas de cacao, patronazgo estratégico por demás, ya que del cacao dependía en gran medida la prosperidad económica de la provincia. Justo la víspera del terremoto de 1766 y con motivo de la reciente epidemia de viruela, la imagen de la Virgen de la Merced, se encontraba de visita en la Iglesia Mayor de Caracas a donde había sido conducida en procesión solemne, con toda la pompa requerida. El historiador Carlos Duarte (1974) señala que durante el terremoto “...ningún habitante pereció o sufrió heridas. Dada la circunstancia de que la imagen de Nuestra Señora de la Merced había sido llevada a la Catedral la noche anterior, se le atribuyó a ella, la protección de la población”.
Y así fue, a raíz de este hecho -de la presencia de la imagen de Nuestra Señora de la Merced en la Catedral en vísperas del remezón del 21 de octubre-, como los caraqueños atribuyeron a su divina intercesión, la salvación de la ciudad. El agradecimiento tomó la forma de un nuevo patronazgo añadido a la corte de protectores de Caracas, puesto que se nombró a la virgen de la Merced como Abogada contra terremotos.
Así mismo, se decretó una fiesta anual en conmemoración de aquel portento y a los pies de la imagen de Nuestra Señora de la Merced, se colocó como ofrenda votiva, una tarjeta de plata finamente trabajada y grabada con un breve texto que rememora tanto el sismo como el milagro. La tarjeta fue encargada por el Cabildo al orfebre Pedro Ignacio Ramos, artesano hábil, de intachable reputación en su oficio y animado por una gran devoción religiosa.
Esta representativa pieza de la orfebrería colonial no fue la única obra que el agradecimiento de los caraqueños legó a la posteridad. Poco después de ocurrido el terremoto y cuando la calma había regresado a la ciudad, el pintor y dorador Juan Pedro López pintó una bella imagen viajera que representa a Nuestra Señora de la Merced entre San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato. En la parte superior de dicha imagen, en un bando colocado sobre las cabezas de los santos allí retratados, puede leerse la misma leyenda que figura en la tarjeta votiva de Ramos: Servatrice Nostra, lo cual sugiere que la pintura fue inspirada por el terremoto y también por la benevolencia de la virgen de la Merced.
Ambas obras transmiten la profunda religiosidad y también la vulnerabilidad de una sociedad sometida a los rigores de la naturaleza desatada que solo podía ser controlada por Dios y su corte celestial. Sin embargo, a pesar de los siguientes temblores y terremotos, la vocación antisísmica de Nuestra Señora la Merced iría cayendo paulatinamente en el olvido hasta que 134 años más tarde, ocurrió el terremoto del 29 de octubre de 1900…
Naturalmente, cuando ocurre el sismo de San Narciso en una fecha tan cercana a la de la antigua y ya olvidada festividad de la Abogada contra terremotos, los caraqueños rápidamente se sumaron a la idea de que el sismo de 1900 había sido una reconvención divina en tono menor: una advertencia que había sido enviada a los venezolanos por la virgen de Las Mercedes para recordarles de manera efectiva que debían retomar la fiesta del 21 de octubre. Con el susto del terremoto San Narciso (Un susto comprensible si consideramos que su magnitud ha sido estimada en 7,6), la sociedad venezolana, y especialmente los caraqueños, pagaban este olvido por demás imperdonable en un país sísmico. Al cumplirse el primer aniversario del sismo de San Narciso, cuyos efectos en Caracas había sido bastante moderados, un anónimo colaborador del diario caraqueño La Religión, rememoraba cómo la intervención de la Abogada contra terremotos y la misericordia divina se expresaron en ocasión del sismo de 1900, así como ya lo habían hecho con el remezón de 1766.
Para subsanar el error y resarcir a la Abogada contra temblores del largo olvido al que habían relegado su devoción, la Arquidiócesis caraqueña abrió una suscripción con el fin de reunir los fondos necesarios para erigir una estatua de mármol en honor a Nuestra Señora de las Mercedes por no haber consentido que el sismo de 1900, hiciese destrozos mayores, librando así, a los fieles venezolanos de una verdadera catástrofe telúrica.
La imagen fue develada en enero de 1901. Actualmente, se encuentra frente al Templo de Las Mercedes, erguida de espaldas al Ávila, esperando otra ocasión en que los venezolanos (tan olvidadizos en estos asuntos de la sismicidad nacional) necesitemos nuevamente de su divino auxilio.


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